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domingo, 14 de marzo de 2010

Delibes


Ha muerto Delibes. He puesto a los niños de primero de la ESO como lectura El camino. Ya lo hice el año pasado. Cuando la releí, me pareció que en algunos aspectos podía resultar un tanto rancia pero, sorprendentemente, a los chicos les sigue gustando, en general, imagino que porque conserva ciertos valores imperecederos, como la amistad.





He hablado de otro camino en este blog, el de Fesser. Ya entonces quise sugerir, aunque me fui por los cerros de Úbeda, las concomitancias entre la escena final de la película y el episodio del pajarillo en el libro que ahora recomiendo. En ambos casos, el engaño a los ojos, recurso tan querido en nuestra literatura áurea, es interpretado como intervención divina. Como milagro, en roman paladino. Pero milagro inexistente. No seré yo el exégeta de los modos o intenciones de cada cual.

Vale.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Varios libros con comentarios pendientes

Es imposible decir nada sensato de todos los libros de los que tenía pensado escribir. Por fortuna, tengo mala memoria, lo cual me permite ver dos veces la misma película sin saber cómo termina y también disfrutar dos veces de la misma novela en un estado de virginal atención. Resulta, desde luego, mucho menos positivo a la hora de ejercer de crítico o de contertulio. Un día de estos, por cierto, recordadme que trate del término "tertuliano", que parece nombre de emperador romano. Adriano, Tertuliano...

Sin más dilación:
Dejé escrito un comentario justo pero incompleto de la colección de cuentos de Piglia, quizá el mejor escritor vivo en lengua castellana, titulada La invasión. Desde entonces, he querido corregir esa opinión con la más acorde a lo que pienso: Desde el relato "Mata-Hari 55", el libro gana mucho. Lamentablemente, no puedo por virtud de la memoria, hacer referencia a cada uno de los cuentos que lo siguen. Recomiendo su lectura, en todo caso.

Un compañero y amigo me sugirió tres lecturas. De ellas, dos me han defraudado, dentro de un orden, y la tercera ha colmado y superado cualquier expectativa. Hablaré aquí de las dos primeras: Se trata de El maestro y margarita, de Mijaíl Bulgákov y de La línea negra, de Jean-Christophe Grange. Este último es autor de Los ríos de color púrpura, acción de la que vi la peli y me gustó, con una buena interpretación de Jean Reno. Por lo visto, se ocupó incluso del guión. La historia de Reverdi, que tiene tintes cinematográficos, qué duda cabe, es poco más que una curiosa novela negra. He leído tantas de niño que difícilmente me sorprenden y le vi el plumero, pero se lee bien. La primera se me presentó como una disparatada aventura de un demonio juguetón, y eso es. No me hizo demasiada gracia, a pesar de que la avalara también la muchacha de la librería donde la compré. En fin, puede que se trate de un defecto congénito de tantos que tengo.

Vale.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Mulholland Drive y el Club Silencio, "solo para locos"

Antes era más gracioso o más listo (o más tonto) cuando escribía. Menos académico, seguro. En septiembre de 2006 dejaba esto en la red:


Mulholland Drive y el Club Silencio, "solo para locos"

Desconcertado todavía por Mulholland Drive. Si alguien la ha entendido, agradeceré que me eche una mano porque no se me ocurren más que explicaciones delirantes, incoherentes como la vida misma. Y en pleno teatro mágico, la zozobra producida por la excepcional interpretación de NW, que me recuerda a la que me provocó SJ en Lost in Translation. Y eso que no me van las rubias.

Si hubiera escrito anoche, bajo la influencia de la mejor película de Val Kilmer (salvo que haya olvidado su participación en el Padrino, que no creo), estaría recordando la etimología de "Hillary" y que el perro de San Roque no tiene rabo, pero Lynch me ha puesto... no sé: metafísico, o sea, atontao.


Hoy añado las pistas que dio el director para desvelar el misterio, siempre dentro de su máximo respeto, qué morro, a cualquier posible interpretación personal, el cierre-espectador, vaya, adaptando a Eco. Probaré otra vez a ver si me entero de algo siguiendo el rastro:

1. - Al inicio de la película, hay dos pistas antes de los créditos.
2. -La lámpara roja.
3. - El título de la película para la que Adam Kesher prueba actrices y reparar en si se menciona de nuevo.
4. - Dónde se produce el accidente.
5. - ¿Quién entrega una llave? ¿Por qué?
6. - Los siguientes objetos: un cenicero, una taza de café y una alfombra.
7. - ¿Qué sucede dentro del club Silencio?
8. - ¿El talento fue lo único que ayudó a Camilla?
9. - Qué ocurre con el hombre que está detrás de "Winkies".
10. - ¿Dónde está la tía Ruth?




Para quienes no se puedan aguantar dejo el sitio Lost on Mulholland drive, donde también hallará las respuestas a esas pistas de Lynch. Verbigracia, la número 10. Queda todo diáfano: O la tía Ruth existe, o no existe. Hale. Y a otra cosa.

P.S. "Solo para locos" viene de Hesse, de su lobo estepario, por supuesto.

viernes, 10 de abril de 2009

Camino

Aunque llevo un enorme retraso con las reseñas o comentarios de libros recién leídos, quiero dejar una nota sobre Camino, de Javier Fesser.

He podido ojear (en internet no se puede hojear) numerosas críticas de la película, siempre con mayor detenimiento las que procedían de miembros declarados del Opus Dei o, cuando menos, simpatizantes encubiertos. Lo cierto es que me parece un largometraje muy bien acabado. Nada que objetar en lo formal, supongo. Por ejemplo, el sorprendente manejo de la música, es un acierto. El contenido y su posible referente histórico es lo que ha generado polémica. Como por desgracia me ha tocado ver en alguien muy próximo muchas de las realidades que ahí se representan (absoluta separación de géneros en todo momento y lugar, censura epistolar, aunque se niegue, renuncia a todo vínculo afectivo preexistente --familiar o no--, etc.) y conozco algunas otras cosas que no figuran en ella, dejo la cuestión de lado y recuerdo que solo a base de talonario fue excluida esta organización del catálogo de sectas vigente en Alemania, pongo por caso. El talonario, siempre tan a mano, cuántas cosillas les ha resuelto.

Solo escribiré una idea. A pesar de que esta gente sigue pensando --con razón, porque obligan a pensar-- que los libros son peligrosos, a pesar de que por eso redactan sus consabidas "calificaciones doctrinales" y prohíben casi de todo a sus prosélitos, no reparan en que el lector es esencialmente libre, no parecen darse cuenta de que el "cierre", resulta fundamental para cualquier obra "en movimiento" --diría Eco--. De este modo, la edificante vida de Bernadette no puede ser otra cosa para una niña enamorada que la historia de su amor por Antoine. Y nada más. Y nada menos. La muerte de Alexia, cuyo proceso ignoro y carece de todo interés para mí, bien me parece que puede inspirar la creación de Fesser.

Por terminar, el burdo maniqueísmo de que se tilda cualquier metáfora de la película, constituye la sustancia de la religión que profesa ese grupo, para no hablar de que, verbigracia, que confluyan en la ficción la Obra de Escrivá y la obra de teatro infantil no dista demasiado de la metáfora misma del creador del Opus, para no hablar de que la profundidad del Gran teatro del mundo puede llegar mucho más lejos, si se quiere, de la mano de un sacerdote del siglo XVII. En cuanto a los elementos oníricos... a mí me encantaron. Parece que algunos comentaristas no saben distinguir el sueño y la vigilia, como no saben tampoco diferenciar realidad y ficción porque no están dispuestos a tolerar en esta o en aquel elementos que discutan su fe. Pero claro, que el mundo se divida en bien y mal, alma y cuerpo, santos y pecadores, no es maniqueo. Dispensen ustedes. ¿En qué estaría yo pensando?

La peli hay que verla. El dramón y lo que va debajo.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Vicky, Cristina, Barcelona

No es seguramente la mejor película de Woody Allen, pero Vicky, Cristina, Barcelona, logra su objetivo: que se hable de infidelidad, de tríos, de sexo, de amor... De lo que no se habla con tanta sencillez es del tema de la película: la infelicidad, la insatisfacción, la frustración, como se prefiera llamar. Al menos no giraron alrededor de ese asunto la conversación ni las impresiones de mis acompañantes. Pero es el tema.

Vicky, por cobardía --qué malo vivir con miedo--, será infeliz. Aceptará su vida rutinaria, y penará pensando en lo que pudo ser y no será. Cristina, por imperio del tedio producido por su insaciable apetito de experiencias, otro tanto, pues no halla su lugar, arrastrada en una espiral sin rumbo.

Si la búsqueda frustrada o el miedo que atenaza y la aborta son las opciones, el panorama no puede resultar menos halagüeño.

Mejores explicaciones, en comentarios, por favor.

Vale.



Giulia y los Tellarini, banda sonora underground de la película, para leer con música de fondo.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Los girasoles ciegos: la peli

Fui a ver Los girasoles ciegos, la película, aun a riesgo de que me decepcionara. El director no me ha terminado nunca de convencer --salvo en La lengua de las mariposas, gracias, en buena medida, a Fernán Gómez--, pero la intervención del último Azcona fue incentivo suficiente sobre una ya extraordinaria base en el libro de Méndez.

Me decepcionó. Era de esperar.

Trata dos de las historias, lo cual es más que suficiente en algún sentido. Sin embargo, pese a Javier Cámara y Maribel Verdú, que no están mal, la interpretación cojea cada vez que aparece en pantalla el actor que hace de cura, cuyo nombre no me interesa recordar, además de que no lo hago de manera espontánea. Curioso lo que flojea una largometraje de tantas pretensiones como para emplear uno de los versos de la Fábula de Polifemo y Galatea, de Luis de Góngora: "infame turba de nocturnas aves", queda escrito en la gruta donde se ha cobijado la pareja huida, como si fuera la del cíclope. De poco sirve si no es para marcar la distancia entre lo que pudo ser y no fue y lo que finalmente ha sido. Dejemos descansar las letras de una de las mejores obras de la literatura española y olvidemos la película, gracias a la cual, no obstante, se ha vendido un poco más, como siempre.

Vale.

sábado, 20 de septiembre de 2008

Blade Runner

Anoche vi esta película por primera vez en --no sé-- quizá quince años. Sorprenden ahora varias cosas. La primera, que fumen. Sé que resulta ridículo, pero ahora no fuma nadie en las películas americanas. O solo los malos, en el peor de los casos. Otra, el doblaje: que si bled runer, que si blaid runer... Uno no sabe al final cómo se titula. Eran los tiempos de los yedis, que no yedáis, de Darz Vader, que no Veider. Pero lo más llamativo es la absoluta inexistencia de teléfonos móviles en el año 2019. Supongo que, a juzgar por la tecnología que ahí se presenta, como consecuencia de un cataclismo comunicativo a escala mundial. ¿Y qué decir de Internet? ¿Y qué os parecen los monitores que se usaban, con esos botones giratorios tan modernos? En algún momento me pareció, incluso, que las fotos eran las míticas polaroids, pero estaba equivocado. Qué pena. Era un resto atávico digno de figurar.

P.S.: Para los friquis, otro argumento de que el prota es un replicante: A los motivos aducidos en la Wikipedia --alguno definitivo--, añadiría la sombra de duda en que nos sume la pregunta de Rachel sobre si se ha aplicado alguna vez la máquina a sí mismo, que parece fruto de una sospecha, o quizá no, pero que de cualquier forma queda en el aire.